El Medio Ambiente en España (Miguel A. Díez)

EL MEDIO AMBIENTE EN ESPAÑA (Miguel Ángel Díez Baños)

(Charla presentada al equipo Comenius del IES “Legio VII” de León (España))

Octubre, 2008

“El Presidente en Washington envía palabras de deseo de comprar nuestra tierra. ¿Pero como puedes comprar o vender el cielo? ¿La tierra? La idea es extraña para nosotros. ¿Si nosotros no poseemos la frescura del aire y el centelleo del agua, ¿cómo podemos comprarlo?”.  El Jefe indio Seattle al Gobierno Americano en 1800.

En el mundo de hoy ningún espacio ambiental puede ser explicado atendiendo únicamente a su propia realidad. España es parte de Europa y parte del Mundo. Mantiene relaciones con otros espacios y países, es miembro de la Unión Europea, forma parte de los principales organismos internacionales, es una pieza más del sistema mundial. Su vida económica, social, política y ambiental depende en gran parte de todas estas realidades en las que está inserta. Por ello, solo se debe entender el medio ambiente español dentro de un contexto europeo y mundial que, aun siendo exteriores, en ningún modo son ajenos.

 

Por tanto, el análisis del medio ambiente español debe ser situado en un marco más amplio para poder entender las mutuas repercusiones y relaciones.

 

Por otro lado, este pequeño comentario que estamos realizando, no pretende exponer unos datos exhaustivos de la situación del medio ambiente en nuestro país, sino que ofreceremos una visión general de nuestro presente y futuro más cercano.

 

El desarrollo y progreso de la humanidad ha estado directamente relacionado con el uso de recursos, sobre todo energéticos, que ofrece el planeta. Indudablemente, este bienestar ha supuesto un incremento notable de la población mundial y ello nos ha llevado irremediablemente a una ingente necesidad de más recursos. Los países más industrializados (supuestamente con mejor calidad de vida), entre ellos España, precisan de la utilización de una mayor cantidad de recursos.

 

La búsqueda, transformación, transporte y utilización de cualquier tipo de recurso, así como las tecnologías implicadas supone un importante efecto sobre el medio ambiente. El problema tiene un doble enfoque pues el medio ambiente se ve alterado directamente con el uso del recurso e indirectamente a causa de los residuos generados. Como ya hemos apuntado anteriormente, este efecto es global, manifestándose muchas veces a una importante distancia del foco que lo provoca (cambio climático, agujero de ozono, lluvia ácida, contaminación de acuíferos,…).

 

La cultura tecnológica está obligando al hombre a vivir en cárceles confortables, en inmensos laberintos sin horizontes, hechos de cemento, hierro y cristal. Félix Rodríguez de la Fuente


Además, desde hace algunas décadas la humanidad ha empezado a preocuparse del agotamiento de los recursos utilizados. Hasta cuándo soportará el planeta el incremento del ritmo de consumo. Habrá que ir pensando en sustituir nuestras fuentes de recursos naturales, aunque el peligro radica en acabar con nuestros recursos antes de que esta transición o más grave aún, quizá el deterioro del medio ambiente alcance tal magnitud que haga insostenible nuestra vida en la Tierra.

   

De una u otra manera, los recursos más abundantemente utilizados son los hídricos, los energéticos y los alimenticios (agrícolas, ganaderos y pesqueros). A ellos pues, nos vamos a referir ya que su importancia y su precaria situación superan con muchos a otro tipo de recursos como los minerales no energéticos o los paisajísticos.

 

Del  agua

 

(“Más de 6000 personas mueren al día por no tener acceso al agua potable”. Informe de la UNESCO, 2003)

 

En España los recursos hídricos son claramente insuficientes y originan conflictos entre regiones y sectores económicos. Se encuentra desigualmente distribuida en el espacio y en el tiempo y por ello es necesario crear recursos artificiales (desalinización, depuración, reciclado,…)

 

Los problemas actuales más importantes que atañen a la disponibilidad de agua en España son los siguientes:

 

Ø      Elevado consumo de agua por persona (dobla a la media mundial y es superior a la media europea). Ello se debe, sobre todo, a que se trata de un país agrícola y los sistemas de riego son inapropiados tanto por su planteamiento como por su tecnología. Afortunadamente, mediante inversiones públicas este problema está en vías de solución

 

Ø      Desigual régimen  de precipitaciones con la consiguiente irregularidad en el cauce de los ríos. Además en la España árida del centro, sur y mediterráneo, las lluvias son torrenciales y su aprovechamiento es mucho menor.

 

Ø      Las aguas subterráneas se están perdiendo por la sobreexplotación (riego de cultivos inapropiados para algunas regiones secas) y la contaminación industrial por sustancias tóxicas y no biodegradables

 

A pesar de todo, no hay que perder la esperanza en que la percepción social de la naturaleza en España continúe cambiando como lo está haciendo en los últimos años, ya que son cada vez más las personas que se suman a iniciativas de conservación y uso razonable del agua. Ello ha empujado a los gobiernos centrales y autonómicos a desarrollar una serie de leyes para una mejor gestión de los recursos hídricos en el ámbito de las Directivas europeas correspondientes.

   

De la agricultura

 

            En la década de los 60 la falta de alimentos para gran parte de la población mundial hizo surgir la revolución verde.  A partir de ella aumentó ostensiblemente la producción de arroz, trigo y maíz.  Sin embargo, el hambre ha seguido asolando a los países en vías de desarrollo. Es decir, que el problema no está en la producción de alimentos, sino en la distribución de los mismos. Aquella revolución verde trajo consigo un espectacular incremento en el uso del recurso edáfico y otra serie de problemas ambientales que no se han superado todavía, puesto que la agricultura en las zonas industrializadas es casi en su totalidad intensiva.

 

            De forma esquemática, exponemos algunos de estos problemas, que se acentúan en España (pues en las zonas húmedas del norte los suelos son ácidos y pobres y en las zonas del sur, con suelos calizos más ricos, faltan precipitaciones),

 

Ø      Deforestación para aumentar la superficie de terreno cultivable que llevan a la pérdida de suelo por erosión y un aumento de la desertización.

 

Ø      Incremento del efecto invernadero por la quema de bosques con la correspondiente incidencia en el cambio climático.

 

Ø      Pérdida de biodiversidad por el exceso de monocultivos

 

Ø      Sobreexplotación (riego) y contaminación (abonos) de los acuíferos

 

Ø      Pérdida de productividad y degradación del suelo

 

En este campo, a España le está costando mucho esfuerzo el solucionar sus problemas, pues en gran parte, las medidas han  de tener una carácter preventivo por la condición de recurso lentamente renovable que tiene el suelo y además, la falta de precipitaciones por el cambio climático y la propia mentalidad tradicional del agricultor español hacen muy difícil invertir la tendencia.

   

Respecto a la energía

 

            Los países industrializados cada vez consumen más energía para desplazarse, calentarse, comunicarse, fabricar bienes,… Para abastecer esta demanda energética básicamente existen tres tipos de recursos: los combustibles fósiles (80% de consumo), energía nuclear (6%) y energías renovables (14%)

 

            Hasta la actualidad, los combustibles fósiles han contribuido al desarrollo de la sociedad, pero el sistemático agotamiento de estos recursos (carbón, petróleo, gas,...), los impactos ambientales que ocasionan y el inminente cambio climático del planeta, hacen necesaria la búsqueda de nuevas fuentes energéticas, así como la racionalización del consumo energético.

 

            Cada vez son más los países que apuestan por un modelo energético diferente, basado en el uso de energías respetuosas con el medio ambiente, las denominadas energías renovables (hidráulica, eólica, solar térmica, solar fotovoltaica, biomasa, etc.)

 

En el “reparto” de recursos entre los países del mundo, a España no le tocó petróleo. Sin embargo sí fue agraciada con mucho sol, buen viento y extensas zonas agrícolas.  Gracias a estos elementos naturales y el desarrollo tecnológico, podemos producir energía (y cada día más) sin agotar el planeta y sin destruir el medio ambiente, aparte de disminuir nuestra dependencia exterior y favorecer el desarrollo rural. Nuestro objetivo es que un 12% del consumo energético provenga de estas fuentes en el 2010.

 

            A pesar de que cada vez obtenemos más energía de recursos renovables (sobre todo en los aspectos eólico, biomasa y fotovoltaico) el gran consumo energético hace que uso de combustibles fósiles no disminuya y, por tanto, sigamos incumpliendo sistemáticamente el protocolo de Kyoto (que nos permitiría aumentar nuestras emisiones hasta un 15% respecto a las cifras de 1990) enviando a la atmósfera grandes cantidades de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático.

No queremos terminar sin hacer una mención hacia los residuos sólidos urbanos que tanto deterioran el medio ambiente. España está haciendo un gran esfuerzo en este sentido (sellando vertederos, construyendo centros de tratamiento, educando sobre reciclados y consumo razonable). La respuesta de los ciudadanos está siendo muy positiva y hoy día, es muy normal que las personas separen sus residuos y les depositen en los contenedores correspondientes. Más dificultades se encuentran cuando se pide consumir menos. En todo caso, se está haciendo imprescindible un consumo desde el punto de vista del desarrollo sostenible.

 

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